Imágenes Basura

La consciencia del consumo responsable de imágenes, en el espacio real y en el espacio real virtual.

Tanta imagen dando vueltas, hace que indefectiblemente sea más difícil crear fotos que impacten e interpelen a lxs espectadorxs. La cuestión está hoy sobre-saturada, consumimos  imágenes pero no las podemos analizar críticamente, no podemos incorporarlas a nuestro intelecto desde otro lugar, ni hallarlas sin scrollear.  Si sos fotografx, ¿no te sucedió alguna vez que te digan “qué buenas fotos saca tu cámara”? y hoy se suma “qué buenas fotos saca tu cel”, vinculado esto último al consumo desmedido de iPhones, porque si tenes un buen dispositivo, y unos buenos filtros comprados en dólares en alguna app,  ya está: sos fotografx, tan simple como eso.

Es un problema grave,  en primera instancia porque hay un borramiento del cuerpo, del sujeto, o de la sujeta que está ahí detrás de ese dispositivo, foteando; se asume que la foto está buena porque el dispositivo es caro, cuanta más plata inviertas, más “calidad” tendrá tu imagen . Calidad… Dependiendo de lo que entendamos por ella. En segundo lugar, y no por eso menos importante, las imágenes  se volvieron banales. Traducción: se fue todo al carajo. No digo que eso sea positivo ni negativo, solo digo que se desmadró algo que ya no se muy bien a dónde va a ir a parar. ¿y porqué reflexiono esto? porque soy laburante de las imágenes, y porque vivo en carne propia la degradación de nuestro trabajo.

La fotografía es un recorte del mundo. Una visión sobre una porción de la realidad. Congela. Disecciona lo visible en trozos. Muestra algo dentro de un borde que denominamos cuadro, pero al mismo tiempo que muestra,  también oculta.  En este sentido creo que la esencia de la imagen fotográfica, más allá de la reproducción desmedida, tiene una particularidad que es la posibilidad de crear, y esa creación se potencia en la imaginación y las ideas del/la fotografx. Posteriormente sucede el encuentro del cuerpo espectador y las fotos, donde el proceso continúa, y la fotografía en sí misma gana todo el protagonismo dejando atrás sus condiciones de producción. Cuando una foto se encuentra con la mirada de alguien sucede algo, un momento, una simbiosis, una conexión metafísica, llamenlo como quieran, pero algo sucede y es en ese presente definitivo, donde se entrelazan la imagen y la persona, el pasado y el futuro, donde el encuentro es juzgado por el punto de vista de quien lo encarna.  

Esto me dispara una pregunta ¿Si una imagen existe, pero nadie puede verla, qué es de su energía, qué sucede con su fuerza? ¿qué harían los influencers? ¿qué pasaría con todas esas selfies, y esas fotos de todos tus viajes, de los millones de platos de comida en restaurantes caros y hoteles?¿qué pasaría con toda la gente que hoy gana dinero vendiendo filtros para que las fotos de tdxs sean iguales? ¿qué pasaría con nuestro trabajo de fotografxs?

Sí,  me estoy metiendo en un tema complejo, porque el universo de la imagen  es tan infinito como los posibles vínculos que podemos establecer con ella, eso está claro. Aun así pienso que algo se rompió. 

Hace un tiempo leía a Fontcuberta, que  hace un análisis acerca de la postfotografía ¡cuánta razón tiene al hablar de un nuevo estadío en la historia de las imagenes!:  “el gesto de producir supera al gesto de mirar”, de este postulado se desprende una pregunta ¿detenemos la producción de imágenes y comenzamos a reciclarlas? ¿Cómo utilizamos esas imágenes para darles sentido? Me pareció interesante porque habla de la “repetición patológica compulsiva”, – algo que me suena a una enfermedad, y que coincido plenamente-, y también porque plantea una ecología de la imagen, “abstenerse de producir indiscriminadamente, y por el contrario comenzar a reciclar lo que ya existe”. 

No es fácil en este mundo hablar de ecología, de cuidar el medio ambiente y consumir responsablemente… imagínense lo difícil que puede llegar a ser mantener una “ecología de la imagen” en un espacio puramente virtual. Me parece interesante lo que plantea, pero tan difícil de lograr…. incluso más ahora en este contexto de pandemia, en el que dependemos pura y exclusivamente de ese lugar virtual para vincularnos. Pienso que el camino es la resignificación de lo que ya existe para lograr  nuevas propuestas, como bien dice el maestro Fontcuberta.

Mi sensación de hoy es que tanta imagen te rompe los ojos, no encuentro paz en lo que veo. La artista Penelope Umbrico representó muy bien esta idea.

Penelope Umbrico

Creó un mosaico compuesto por diez mil puestas de sol ordenadas alfabéticamente, siguiendo el nombre del archivo. Para Fontcuberta esta obra es como un manifiesto ecológico, con el que Umbrico parece querer decir: no hagamos más fotografías de lo mismo, vamos a reciclar y a dar nuevos usos a las imágenes que ya existen. Les dejo un link a continuación para que disfruten placenteramente de este daño visual, que es el daño que nos hacemos todos días, pero que en la cotidianidad pasa desapercibido.

Ahora bien, hay otro problema vinculado a la sobresaturación: los filtros o presets, o como quieran llamar a ese conjunto de parámetros que hacen que tus fotos sean iguales a las de algún influencer y/o artista visual. En mi opinión, lxs profesionales de la imagen, los utilizamos para trabajar, y sabemos aplicarlos según nuestras necesidades para lograr determinados efectos estéticos. ¿Pero qué pasa con todas estas fotos con las que me voy cruzando en la red? ¿con todos esos rostros marrones, apestados de filtros irreales que te maquillan la cara y te broncean la piel? Las expresiones son todas las mismas. Tan iguales estas fotos entre sí que el rostro real se borra, pienso que es una especie de “borramiento ritualizado del rostro”, y ese “borrar” ya es un ritual porque forma parte de la acción misma de tomar una fotografía. Ya no existen las selfies sin filtros.

Les dejo unas imágenes de otra artista, Carolina Antoniadis, que de alguna manera representa en sus pinturas ese borramiento del que hablo. Creo que una de las soluciones está en reciclar y resignificar para no caer en lo banal. Es un trabajo dificil, pero necesario, para que nuestros ojos se nutran de propuestas diferentes y no quedemos atrapados en este estadío postfotografico sin sentido.

Me retiro con una pregunta ¿Necesitamos una Marie Kondo de las imágenes? si así fuera, propongo que sea Hito Steyerl.

Un comentario sobre “Imágenes Basura

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